De un status en Facebook surge una conversación, de esa conversación surgen ideas, pensamientos. Pensamientos que realzan la indignación de un joven que se siente prejuiciado. Prejuiciado simplemente por ser joven… como si fuese una elección.
Quiero comenzar aclarando que entiendo que se valore por encima de todo a los niños, por ser el futuro, por ser nuestro legado, por tener el potencial de ser mejor de lo que somos hoy. También entiendo que se valoren a los ancianos, por ser nuestros guías, nuestro ejemplo a seguir, por habernos dado todo lo que tenemos hoy. Lo que no logro entender es por qué no se valoran, y hasta se menosprecian, los jóvenes. Siendo participe involuntario de este limbo entre la niñez y la adultez, no puedo evitar preguntarme si los jóvenes somos menospreciados por nuestra rebeldía, o si en efecto nuestra rebeldía nace por el menosprecio que vivimos. Sigue leyendo