Desde niño me inculcaron valores, me repitieron innumerables veces que debía ser un ciudadano de bien. Era como una extraña cantaleta que poco a poco iba quedando grabada en mi subconsciente, pero la verdad es que no entendía lo que me pedía. ¿Un ciudadano de bien, pero qué es lo que necesita mi país? Son preguntas demasiado complejas para un niño, sin embargo la niñez es el momento perfecto para sentar estás bases. Estaré eternamente agradecido por la educación que me dieron mis padres, pero además de ellos hubo otras personas que tuvieron gran influencia en mí. Son personas a quienes pocas veces agradecemos, a pesar de que son ellos quienes nos dan las herramientas para construir nuestro futuro.
Por más que en tu hogar te hayan dado una buena base, y en la escuela te hayan dotado con todos los materiales que necesitas, el edificio no se levantará sin las herramientas necesarias. Es por esto que hoy les doy mis gracias a los profesores.
Fui bien educado en mi casa y en la escuela, pero llegue a la universidad sin aun tener claro qué era lo que yo podía hacer por mi país. Graduarme, trabajar, y generar mucho dinero, sonaba como un buen plan, además, ¿es lo que todos hacen verdad? Era un número más dentro del sistema, depositas el insumo (estudiantes) y recibes el producto (profesionales). No es que haya algo malo con estudiar y ser un profesional, pero en un sistema donde lo que importa es la rapidez con la que se produce dinero, y no la calidad del profesional, empezaron a surgir dudas dentro de mí. Fue como si se agrietaran las columnas del edificio, sabía que algo andaba muy mal, pero no tenía idea de cómo remediarlo.
Fue fabuloso que mis padres me dieran su apoyo y me dieran el espacio para escoger mi nuevo rumbo, pero aun seguía sin saber dónde iba a caer. Fue más de uno el profesor que influyó en mi pensar, pero hay uno en especifico a quien pueden culpar por todo mi afán con las ciencias políticas. No tenía ni idea de que existían otros tipos de gobierno, para mi los Estados Unidos eran el centro del mundo, y nuestro sistema era el sistema universal, que por cierto según yo en ese entonces nació de la nada. Cuan equivocado estaba. No vallan a creer que todo esto fue hace muchos años, yo cursaba mi 2do año universitario para ese entonces, actualmente estoy en mi 4to año.
En ese semestre aprendí que la desobediencia civil no es un crimen, que protestar es nuestro derecho, y que todo ciudadano tiene una obligación con su país de informarse y estar al tanto de los males que nos aquejan. De repente los valores que había aprendido en mi hogar subían a otro nivel, ya no se trataba solamente de respetar a las personas que comparten mi sangre, se trataba de respetar a todo el que comparte mis raíces. Ya no bastaba con luchar por sacar adelante mi familia, ahora sentía que era mi deber luchar por sacar adelante mi país.
Una vez entendí que no estaba en el mundo para ser moldeado sistemáticamente, y que el destino del ser humano no es vivir en una sociedad de clones, todo comenzó a tomar otro color. Con cada clase que tomó descubro un nuevo sendero, la nota me es irrelevante, me interesa todo el conocimiento que se me es transmitido a diario. El conocimiento es el tesoro más grande puede tener cualquier ser humano, y son los profesores los encargados de protegerlo. Quizás no lo ves ahora, pero algún día te darás cuenta del gran tesoro que te fue entregado, y tú ni las gracias le diste.
© 2012 – José Felipe.
Un hermoso homenaje a los que contribuyeron a tu vida, sin duda, nos podemos sentir identificados. Si nuestro País tuviera más padres, maestros y profesores como los que has tenido y yo también, la sociedad estaría mejor, hace falta valores, responsabilidad y compromiso. Éxito siempre!!!